22.10.14

Ocho apellidos

alicia en época prerromana tenía por elemento básico las castañas, con una hegemonía solo comparable a la que luego tuvo la patata. Permítanme sin embargo que -por una vez que empleo con sinécdoque "Galicia"- explique que lo hago simplemente por usar una G capital. Galicia existe en la medida en que es una unidad administrativa y en que, junto con otros topónimos que sitúan territorios queridos, me permite asomarme con el máximo cuidado a todo un conjunto de vidas pasadas y presentes y futuras sin recurrir a usar las latitudes terráqueas. No necesito situarme ni en la razón de las fronteras ni en las fronteras de la razón para establecer claramente la línea que une Galicia a Asturias o a León o a Portugal, aunque su trazado es claramente geográfico y fluvial, no tanto lingüístico.
Cuando aún sabía menos historia que ahora, que ya es decir, yo sabía que habíamos llegado a Galicia (por tierra) porque el aire era más suave y porque entrábamos por sotos plagados de castaños y se nos atravesaban carros de bueyes y porque las casas nada tenían que ver con las que habíamos dejado atrás al atravesar los campos de Castilla y su cielo. Una vez, en el Estrella de Galicia, saqué mi pobre cabeza por la ventana para estar más cerca de las sensaciones que me despertaba el tren a su paso por los cañones del Sil. A una mujer más joven que yo se le prendieron en el pelo algunas libélulas, para su horror y para mi delicia. He acometido temas correosos, ingratos, desagradables para mi metabolismo, perturbadores para todos, comprometidos, pero nunca he sentido tanto los tropiezos de escribir como ante la región de mi procedencia. Me sobrecoge. Y por eso he tratado aquí alguna vez de algún pequeño, muy pequeño, tema gallego. Y si esa pauta en realidad es la que me guía en mi quehacer en todo el blog, se hace más imperativa cuando se trata de la tierra de mis ocho apellidos gallegos
Si la sinécdoque del paisaje me parece un sinsentido la mayor parte de las veces ("Turull (CiU) avisa de que Cataluña "ha iniciado un camino sin retorno" para decidir su futuro") ya no les digo lo que me parece la tontería de los ocho apellidos. Especialmente con la "libertad" (por decir algo) sexual que había especialmente en Galicia y especialmente en las clases bajas. La represión sexual siempre ha sido una forma de mantener las propiedades bien administradas, no digamos las rurales. Así que me figuro que la pobreza permitía romper las barreras de todo tipo, tanto desde fuera de la pobreza como desde dentro.
El celtismo que introdujo el marido de Rosalía de Castro en el panorama cultural del Rexurdimento se ha aguantado ante todo pronóstico y aún es una fuente de inspiración y, por supuesto, de las ideas nacionalistas. Yo acostumbro a decir que pertenezco a una de las numerosas líneas bastardas de los Andrade de Betanzos y que aunque nací en Barcelona fui asistida por 17 galaicas vírgenes (*). Las administradoras de la  Clínica en la que me nacieron luego ha sido objeto de investigaciones por la desaparición de niños y es que entre los deberes u objetivos de las Siervas de la Pasión estaba y está bautizar a los niños y también "atender de forma integral a las futuras madres y a las que ya lo son, sometidas a situaciones personales o sociales especialmente difíciles". Al parecer mi madre superó la prueba de su probidad limpiamente, aunque es de suponer que el hecho de que hubiera tantas novicias gallegas en la clínica algo haría.
Los apellidos, el RH, el ADN, la facultad de poder entonar bien o de darle el punto a la masa, la forma de relacionarse con el dinero, con las preguntas, sentir la saudade, la morriña o la retranca -dicho sea todo en perfecto desorden- no acreditan para adquirir o perder la condición de gallego.
Yo no debo de servir para gallega porque me llegaron a molestar un poquito las declaraciones de ayer de Pedro Almodóvar. O para ser más exacta, un par de comas: "«Si yo hubiera sido un hombre analfabeto, gallego, ... voy y espero al señor Blesa o al señor Rato y le corto el gañote»". A la gran parte de los gallegos que yo conozco esas palabras no le dicen gran cosa. Y espero que no llegue a producirse un clima como el que en la ciudad donde nací a veces respiro. Lo espero y lo deseo.
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Ayer me regalaron una botella de Cariñena Torrelongares Reserva 2009. Yo tenía previsto cenar un puré de col y patatas y algo de fruta, pero sobre la marcha me compré un cuarto de manchego viejo y una tortilla de patatas ya cocinada, para probar el vino y bien maridado. Luego me preparé unas peras Conferencia de Lérida y -ya puesta- las sumergí bajo una capa de nata a chorro y les espolvoreé canela. Ayer no era noche para castañas, pero es lo que me faltaba. Un día de estos, en una segunda aproximación, me referiré al Torrelongares, que bien lo merece.
Variedad de castaña "Ventura". Fuente: Josefa Fernández López (Variedades para os soutos novos)

(*) "Mi madre tuve a bien nacerme en la Clínica de la Virgen de Lourdes, que estaba regentada por las Siervas de la Pasión. A mí este nombre siempre me ha causado un poco de guasa, habida cuenta de que además de estar en el barrio de Gracia antes había sido un hotel, el Hotel Odeón. Según la Graciapèdia, de donde extraigo estos datos, la clínica se tuvo que cerrar el año 2003. Y creo haber leído que se convirtió en un geriátrico, pero no sé si esta noticia es una confusión con la residencia que está en la calle Vilafranca, también en Gracia, a unos 10 minutos. En el número 212 de Torrent de l'Olla ahora lo que hay es la Residencia Erasmus, donde lo menos que se asegura es que Gracia es a Barcelona lo que el Soho a Nueva York (!). No pinta mal: "La Residència Erasmus Gràcia ofrece una amplia gama de servicios: desayuno, Internet gratuito, parking de bicicletas y de coche, máquinas de vending, lavandora, secadora y plancha, solarium y consigna de equipajes."
Como los becados -que no pecados- de Orgasmus, digo Erasmus, son dignos descendientes de los goliardos iríamos así de broma en broma si no fuera porque creo que sobre esta clínica cae la sospecha de que en ella pudieron haber desaparecido bebés. Cuando dependía de la parroquia de Sant Joan de Gràcia. A mi madre si la dejan le gusta explicar que el año de mi advenimiento habían ingresado 17 novicias gallegas para profesar entre las Siervas de la Pasión, por lo que con gran alborozo al enterarse del parto de otra gallega acudieron a hacernos los parabienes (una adoración en toda la regla) y a llevar a la parida chocolate y demás. Yo, por mi parte, gusto de transformar el cuento y verlo como mi presentación a las 17 vestales llegadas de una tierra en la que no abrí los ojos, básicamente porque nací en Barcelona y porque ya venía con un ojo abierto desde ni se sabe. Ese ojo a veces se me abre cuando duermo y causa una impresión imperecedera, no la menor que la que causara un cíclope o nuestro Tonenili de ayer" (El triple embudo)

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