4.9.12

Post 868: Útil o inútil

eleo un artículo de la revista médica JAMA que apareció el 28 de marzo pasado y sonrío ante la imprecisión del primer párrafo. El título de la columna en la sección Viewpoint es "Are medical conferences useful? And for whom?" (¿Son útiles los congresos médicos? ¿Para quién?). Ya hace unos días reparábamos en otro título interrogativo, del libro ¿QEES? Margulis y Sagan, tono que  también pretende situarse "entre esas dos actitudes, de quien indaga y de quien pretende dar una explicación honesta a una cuestión". Y sin embargo para la Europa tan culta como deshecha, el planteamiento choca con su patrimonio humanístico, donde ese tipo de preguntas también parecen algo cirquenses. La Historia de los títulos espera, sobre todo cuando hubo tanto tiempo en que ni siquiera tenían título muchas obras. Con los títulos pasa como con los nombres de las personas. Si leemos "Eduvigis Sánchez Pisado" pensaremos en alguien de más de 75 años, mientras que si leemos "Vanessa Sánchez Pisado", es improbable que a ese nombre responda una anciana. Últimamente se han visto muchos títulos quilométros no ya en las tesis doctorales sino en best sellers, cosa que no torturará a los venideros estudiantes de Filología, no solo porque no es del todo probable que habrán estudiantes de Filología en lo venidero sino porque parece imposible que alguna de esas novelas llegue a ser objeto de estudio e incluso de lectura.
La imprecisión a la que hacía referencia en JAMA era sobre el número de congresos, conferencias, webinarios y simposia que hubo el año 2011 en el mundo médico, entre 2012 [sic] y 100.000. El autor de la columna, John P. A. Ionannidis remite a un artículo de Green en el BMJ para determinar que el número de toneladas de dióxido de carbono que generan esos 2012-100.000 congresos es del orden de 10.000. A continuación se refiere a la escasa calidad de algunas de las comunicaciones que son aceptadas, y no solo se refiere a las de las capas más bajas de la sociedad médica, sino incluso a las de las más influyentes, que taponan una verdadera contribución, original e inédita. Esas comunicaciones de lo que yo llamo la pijociencia de los magnates de la Medicina suelen ser variaciones del mismo tema. Siempre lo mismo bajo diversos títulos y bajo la forma de exposición "salami", es decir que presentan una información relativamente novedosa en finos cortes para producir varias exposiciones. La maquinaria la engrasa el hecho de que las carreras de los médicos se suelen valorar por su número de publicaciones y el impacto de éstas, más que por su probidad clínica y el aprecio de los pacientes o cosas así.
Pasamos por alto el detenimiento de Ioannidis en las infiltraciones de la industria farmacéutica y tecnológica -aunque no sea menor ni mucho menos- para pasar a otro párrafo crucial, el que señala la anacronía de convocar eventos de tan difícil y costosa organización cuando técnicamente es factible que mucha gente de muchas partes del mundo pueda reunirse instantáneamente gracias a la informática y las telecomunicaciones.
En los años 90, cuando las telecomunicaciones no eran ni mucho menos lo que son ahora ya se hablaba de la inutilidad de los congresos y minuciosos estudios estadounidenses, basados sin duda en las mismas técnicas que emplean en sus análisis de mercados, denunciaban ya que era mucho más útil un libro que un congreso. Pero ahí también hay que precisar que hay libros que no aportan nada y que no sirven de mucho. Y por "libro", apartándome de la definición clásica de la Unesco, entiendo cualquier elaboración independientemente de su formato físico (papel, CD, e-book) en que se presente de forma organizada un texto o unas imágenes al objeto de formar un conjunto coherente de datos, entretenimientos u opiniones. Por lo tanto, en mi modesta opinión, esos "libros" hechos por ciento y la madre que reúnen los trabajitos de cada cual bajo un título común no son libros. Si no ha habido un diálogo entre esos autores, no deja de ser una acumulación de saberes incomunicados, por mucha afinidad que apreciemos. Y, sin embargo, cada vez hay menos libros "de autor", a no ser en la literatura (y mejor que no ahondemos porque igual encontraríamos que tampoco).
Aunque en principio el interés genuino de un congreso y de toda reunión presencial resida en que se supone que favorece la comunicación, bien podría decirse que en algunos casos la  desalienta. Además también es cada vez más frecuente ver a los congresistas en una sala plenaria o en una sala de alguna sesión más específica, detrás de su tablet o de un notebook despachando correos electrónicos mientras el esforzado orador defiende por septuagésima vez una comunicación que ya ha presentado quinientas veces bajo diferentes títulos.
Como -por extraño que les parezca- alguna vez viene algún tonto a este blog, me veo obligada a aclarar que debido a mi avanzada edad no estoy sujeta a la candidez de pretender denunciar nada ni abrir los ojos a nadie, que simplemente levanto acta de una realidad, no tanto de la verdad, y que obviamente ya sé que la Medicina está en este mundo y funciona como todo. La prueba de ello, entre otras, es lo que está bajando la afluencia de los europeos en los congresos internacionales debido a la crisis.
La revista JAMA es también conocida como Journal of the American Medical Association, mientras que el BMJ es el British Medical Journal, las dos organizaciones médicas más representativas de la Medicina alopática oficial de EEUU y Gran Bretaña respectivamente.




Castillo de Chatsworth (1792)

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