14.1.13

Agamenón y su porquero


"La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero"
Antonio Machado

espués de que publicara Cela Madera de boj anduve un tiempo decepcionada por su lectura, hasta tal punto que estuve años sin leer nada de su autor, hasta que se murió un amigo mío y la viuda me legó todos sus ejemplares -algunos de ellos ediciones príncipe o de bibliófilo- y de alguna manera me reconcilié con la obra total. Total tal cual para cual. Madera de boj, trata sobre una especie de travesía por la Costa da Morte, y se me atrancó como se le atrancaría a él al recibir el Premio Nobel, puesto que la abandonó un tiempo al recibirlo, pero por diferentes motivos.
Aquí debería explicar que a pesar de mi gran admiración por Camilo José Cela como escritor, rehusé conocerlo cuando tuve ocasión en uno de mis veranos en Finisterre, donde él solía veranear con su primera esposa. Yo algo de esto sabía pero nunca lo había encontrado y siempre había oído anécdotas y truculencias pero por terceros. De manera que un día en que finalmente lo vi me resultó como una visión. Estaba yo tomando un café en casa de mi prima Mª Xesús Senra y pasó talmente como si se dirigiera hacia el Mar de Fora, que es una playa de costa que tenemos al oeste mismo, donde cada noche se oculta el sol no sin dejar un escalofrío, mezcla de terror y maravilla, hasta en el más insensible. Estábamos tomando el café y distinguí por una ventana la oronda cintura y el perfil inconfundible de Cela.  Pasado un buen rato, cuando ya me iba, le dije a mi prima: "No sabrás a quien creí ver". "Pues, claro, era él, cada tarde pasa a la misma hora".
Luego, por la noche, la corresponsal de "La Voz de Galicia" entonces, Socorro Ínsua,  me ofreció presentármelo. Y le dije: "Es que no tendría de qué hablarle". Y era verdad. No es que una tenga una conversación limitada ni escasa ni falta de variados registros, porque lo mismo les sirvo para hablar con Agamenón que con su porquero, pero por aquel entonces ya estaba yo algo corrida por alguno de sus tremendos parlamentos socarrones después de haber recibido gratis et amore una pantagruélica mariscada o una caldeirada del mejor pescado y con unas patatas que no tienen igual. Me dolía en el alma que no tuviera un poco más de distinción o de timidez con la gente humilde o cuando menos que no tenía su bagaje mundano y académico. De hecho el peor desprecio con que se le puede consternar a alguien que no posee una cultura cultivada y de salón es el de tratarle con una broma tabernaria y soez. Cada cual tiene que estar en su lugar, hombre.
Lo que se me atrancó del libro fue que no salía ni uno solo de los personajes fisterranos que se merecían haber estado allí y hasta en el altar mayor. Incluso, diría más, muchos de los personajes que identifiqué no son precisamente como para enorgullecerse. Si al menos se hubiera abastecido del muestrario de pobres diablos baqueteados por la vida, la muerte y el alcohol, Madera de boj hubiera podido convertirse  al menos para mí en una especie de reserva antropológica. Pero no: están los cocainómanos y algún señoritango. Sin embargo hay un par de pasajes que no he podido olvidar y que recuperan para la historia de la lengua, el digno registro fisterrán. Uno, una cancioncilla, que podemos asimilar a una broma de uno de los primeros actos de Romeo y Julieta (*), con la nodriza:
O Xoán e mais Xoana foron os garabulliños
A Xoana caiu de cu e o Xoan caiu de fociños.(**)
La otra muestra del dialecto que recuerdo es la de su intento de recoger esa voz rasgada, bastante menos que ronca, enterenyinada (***) diríamos en catalán, que predomina en la comarca, sea por la falta de yodo endémica, sea por la bronquitis crónica, sea por el abuso del alcohol sobre todo en los hombres, sea porque faltaban dientes, sea lo que sea. Las vocales son más apagadas, veladas, oscuras y cerradas que en el resto de Galicia, de manera que cuando alguien dice -como muy bien transcribió Cela- "Qué é o que che pasa, oh?" suena más o menos "Qué é o que che peeeese, oh?". Sin embargo, lamentablemente, para mi gran pena, poco más quedará para la posteridad de ese patrimonio que en parte yo pude recibir. Camilo José Cela, sea por respeto al dialecto fisterrán, sea por respeto a sus hablantes, transcribe también respetuosamente y de forma exacta la forma de hablar. Cosa que nunca se recalcará bastante sobre todo cuando Josep Mª Espinàs hizo un libro de sus andanzas (A peu per la Costa da Morte) por el mismo territorio, en donde descuidó de una forma que no voy a juzgar o -mejor dicho- calificar, lo que le pareció oír, sin concederle el valor ni el crédito que se merecía.

Vista del puerto de Finisterre en los años 20


Es una pena porque los arribistas que se incorporaron al gallego normativo en estas dos últimas generaciones lo han convertido en algo que ni siquiera tiene acento alguno, o que tiene el acento pijomolondro de TVG porque lo han aprendido donde lo han aprendido. En Cataluña, me cuentan que también la burguesía dejó de usar el catalán en un momento dado porque eso quedaba rústico. Y curiosamente de ese filón de lindos acoquinados en parte proviene la Renaixença. Esto explicado, así en un par de líneas, claro. Lo que no admite demasiadas amplificaciones ni  extensión alguna es la de afirmar que fue gracias a la gente del pueblo llano como se conservó milagrosamente la lengua autóctona. Y la única variante que cabría en tamaña afirmación es la de decirla en un tono de voz más alto, estridente o bien estruendoso.
Sabe una que no tiene pedigree,que no sirve ni para gallega ni para catalana ni para nada, pero les prometo por la gloria de mi canario que nunca adoptaré ni una sola de esas costumbres bárbaras como el Halloween, las despedidas de solteros o esos flashmobs, como No Pants Subway Ride 2013, de los que es cada vez más difícil librarse.
*

Me gusta distinguir en la foto de hoy la silueta de una mujer en una de las playas de Fisterra cargando una cesta en la cabeza. Con el pintor Manuel López Garabal, que veraneaba en Finisterre desde antes de la guerra, sí que hablé varias tardes también inolvidables, y recuerdo vivamente como me explicaba que las mujeres en verano traían el pescado y otras mercancías en la cabeza por la orilla del mar. Y que parecían velas negras que se recortaban con garbo marinero sobre la arena tan blanca y un mar azul de Prusia. Desde las playas de San Roque y la Langosteira. La brisa les hacía el camino menos penoso y quiero creer que las vieron los mismos cuervos que tantas veces encontré yo allí y que dicen que son tan longevos. 

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(*) “NODRIZA – Pares o nones, de entre tantos días
del año, cuando entremos en agosto
catorce ha de cumplir anocheciendo.
Susana y ella -¡Dios acoja a todas
las almas y las lleve a su morada!
la misma edad tenían, y no yerro.
Pero Susana está en el cielo, ¡y era
tan buena para mí! Como os decía,
cumple catorce años cuando agosto llegue.
¡Vaya si los tendrá! Bien lo recuerdo.
Hace once años ya del terremoto;
fue destetada entonces, y no olvido
aquel día entre todos los del año.
Estando al pie del palomar, me puse
acíbar en el pecho, al sol sentada;
en Mantua estabais vos con vuestro esposo.
¡Tengo buena memoria! Y, como dije,
cuando probó el pezón que estaba untado
y lo halló tan amargo, ¡la tontuela!,
hacía falta verla así enojada;
¡cómo se incomodó contra mi pecho!
El palomar temblaba, y, os lo juro,
para correr no me hizo falta aviso.
¡Once años cumplidos desde entonces!
Y se tenía en pie; doy mi palabra.
Y podía correr, aun dando tumbos.
La víspera, sin más, se hirió en la frente.
Y mi marido (que del cielo goce),
tan jubiloso, levantó a la niña.
“¡Vaya -dijo-, ¿de bruces te caíste?
Con más juicio, caerás de espaldas.
¿No es verdad, Julia?” Por la Virgen juro
que no lloró ya más la picaruela
y dijo: “Sí”. Pero hay que ver si ahora
las bromas son de veras como antaño.
Si llegase a los mil lo recordara.”

(**) Trad. lit.: Juan y Juana fueron a por ramitas de leña, Juana cayó de culo y Juan de bruces.
(***) Teranyina es "telaraña".

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