17.1.13

Vagula blandula


Animula, vagula, blandula
Hospes comesque corporis
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
Nec, ut soles, dabis iocos...
P. Aelius Hadrianus Imp.







i el pintor Antonio López quisiera pintar, a semejanza de alguna vista hiperrealista de Madrid, lo que yo veo desde mi ventana en el Hospital Vall d'Hebron, no es que tuviera dificultad técnica alguna, como bien se sabe, es que tal vez no tendría tiempo. Y es que la vista que tengo, desde una planta 11 ya casi metida en Sant Genís, a la falda de Collserola, es de varios barrios y hasta el mar. Un poco más arriba, desde lo alto de  la Torre Collserola, en días muy ventosos y claros como el de ayer, se podría ver Mallorca. Pero tener un día ventoso o claro y que se disponga de tiempo para ir hasta el Tibidabo y de allí al mirador de la Torre, tomando el ascensor, eso es lo difícil.
Ayer noche la vista era particularmente nítida y se podían apreciar como en un hervidero o sobre áscuas los salones-comedor iluminados, imaginar las tortillas de patata sobre unos platos con flores de color rosado y el borde también rosado, los anuncios de la TV, y distinguir todos los edificios apelotonados sobre el bullidero de las cada vez menos industriosas calles de Barcelona.
A veces tomo alguna fotografía, como aquella en que capté con el zoom como un foco sobre una manzana o dos de pisos. Un día de tormenta que se dibujó un gran arcoiris que parecía caer sobre lo que yo identifico como una batería antiaérea del Turó de la Rovira (Barrio del Carmel) fue espectacular, pero no tenía la cámara.
De manera que cuando veo esos cuadros de Antonio López, con decenas de tonos de gris o de unas rosas blancas sobre un fondo también blanco, o un lavabo blanco en un baño alicatado en blanco, pienso en la dificultad de elegir y retener una sola imagen "fija" ante el cambiante caleidoscopio de luz que me acompaña cada tarde. 
El experimento cronofotográfico precinematográfico de Eadweard Muybridge conocido como "el caballo en movimiento", sirvió para demostrar algo que había levantado una gran polémica a finales del siglo XIX en California, que los caballos cuando galopan llegan a quedar en algún momento como suspensos, sin que ninguno de sus cascos toque el suelo. Podemos asimilar al experimento, homenajeado por el músico Philip Glass, a esos intentos de ver abrirse una flor o contaminarse un océano o despejarse un embotellamiento de tráfico en una concentración de imágenes que se persiguen a gran velocidad.  Pero todo me lleva a hablar del tiempo, a pensar en cómo hacernos amigos del tiempo, sin precipitarnos ni remontarnos al pasado, sin anticiparnos tampoco. Lo ideal es vivir el presente, que alguien dijo que no existe (¿?), pero a no dudarlo vivimos bipedestantes o echados, con la cabeza a pájaros a veces demasiado lejos del suelo o en lo que no aprovecha, lo que no es útil, ni bello, ni bueno.  Otra forma de zafar la levedad o la brevedad es la de ir despacio. Festina lente ("Apresúrate despacio"),  es el oxímoron de Horacio, menos famoso que su Carpe diem.
*
Tuve previsto un viaje a Madrid para ver el Jardín Botánico y la exposición de Martín Rico, pero tuve que cancelarla por una cuestión familiar. Me conformo con la reproducción de uno de los cuadros y el arte de plasmar un momento, que -como dijo Schubert- es supremo.

"La Torre de las Damas en la Alhambra de Granada" (Martín Rico, 1871)


(*) Pequeña alma, blanda, errante | Huésped y amiga del cuerpo | ¿Dónde morarás ahora | Pálida, rígida, desnuda | Incapaz de jugar como antes...? (Emperador Adriano)

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