24.12.14

Post 1169: Cómo no hablar

ANDROMAQUE
Cet envoyé des Grecs a raison. On va bien le
recevoir. On va bien lui envelopper sa petite
Hélène, et on la lui rendra.

CASSANDRE
On va le recevoir grossièrement. On ne lui
rendra pas Hélène. Et la guerre de Troie aura lieu.



odas las mujeres que aparecen en la Odisea, excepto tal vez Penélope y la nodriza de Ulises son terribles. Terribles es poco, terribilísimas. En uno de los primeros posts de este Álbum traje a Eco (Eco y Narciso, no Narciso y Eco), porque para mí la ninfa tenía más interés. El mito de Narciso es más conocido y aunque parezca completo por sí solo, tal y como nos lo cuenta Ovidio parece complementarse con el mito de Eco, la que solo podía repetir las últimas palabras de sus interlocutores por culpa de una maldición divina. Supongo que a alguien se le habrá ocurrido por ahí la broma de hacer hablar a Eco con Casandra, la que fue condenada por Apolo a hacer vaticinios y a que nadie los creyera. La Casandra de Jean Giraudoux es una Casandra cenizo, siempre dispuesta a ver los designios del destino y a ser considerada más bien lo que comúnmente conocemos como gafe o aguafiestas. 
Lo que habría que hacer es juntar a Eco, a Casandra, a una chismosa, a una spoiler o chafaguitarras y a una femen-ista que diera la matraca con el celebérrimo pasaje 1 Cor 14:34-36, que se atribuye a Pablo de Tarso pero que en realidad es una interpolación posterior. Aquel de que las mujeres no debemos hablar en las asambleas. Pero para que el grupo estuviera tan bien complementado como Narciso lo estuvo con Eco, yo añadiría a una delegada de la Hermandad de la Última Palabra (siempre tienen la última palabra) o a una de las que las mata callando. Solo así el monstruario o muestrario estaría verdaderamente cumplido.
La maldición de Casandra llegó lejos porque es que ni siquiera se conoce el complejo de Casandra o es mal conocido Todo el mundo ha oído hablar del complejo de Edipo (menos del complejo de Polícrates), aunque luego no se sepa bien qué es. El complejo de Casandra se lleva mal, a qué negarlo. Ya hacía un tiempo que yo venía diciendo que la desintegración o el debilitamiento del PSOE no eran buenos para España y si alguna vez alguien me escuchó -que esa es otra- lo hizo con notable fastidio. Sobre todo los simpatizantes de Ciudadanos o del Partido Popular. Ahora, cuando se les han visto las orejas a los de Podemos, solo ahora, es cuando los que no me concedieron oídos advierten los peligros de que no haya una izquierda fuerte y una oposición "dentro del sistema" y no anti-sistema.
El año 1988 me hice traer un lector de CD-ROM desde Estados Unidos, con la ayuda inestimable de Wim Luijendijk, que entonces trabajaba en Ebsco, para poder demostrar que los discos compactos eran un soporte válido y con futuro. Naturalmente algunos colegas me quisieron desmoralizar pero conseguí que el invento funcionara el tiempo suficiente para hacerse un lugar y que se apreciara su potencial. Luego expuse una ponencia en un congreso europeo y cuando me vi ante cosa de 600 bibliotecarios (que para aquella época era una barbaridad) me di cuenta de que se me había concedido una sesión plenaria y por lo tanto un cierto crédito. Supongo que otra persona hubiera seguido con la veta de la tecnología, especialmente habida cuenta de que tantas novedades asegura. Pero casi todo me acaba aburriendo. 
Mis habilidades no tienen que ver con la videncia ni con la estadística, son el fruto de un análisis multifactorial y de algunos conocimientos mundanos, librescos y de mí misma. Si es cierto que se sufre cuando a uno no le hacen caso o cree que no se le hace caso (complejo de Casandra), es algo a lo que los visionarios tienen que acostumbrarse sin desánimo. Lo peor no es que a una no le hagan caso. Lo peor es cuando ves algo claramente, nadie más parece verlo y sabes que si nadie hace lo que hay que hacer la cosa acabará mal o muy mal en el peor de los casos. Si además la persona afectada es una persona querida en la que observas que se van cumpliendo los pasos para llegar al desastre, el dolor es indescriptible. Es muy fácil pensar y por ende decir que siempre podemos ofrecer nuestro incondicional apoyo y atenciones, como hacen las madres cenizo. Pero ¿cómo no hablar?, diríamos, reformando un título de Jacques Derrida.


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