26.12.14

Guitarra trabajadora

Yo no canto por cantar
ni por tener buena voz,
canto porque la guitarra
tiene sentido y razón.
Tiene corazón de tierra
y alas de palomita,
es como el agua bendita
santigua glorias y penas.

Aquí se encajó mi canto
como dijera Violeta.
Guitarra trabajadora
con olor a primavera.

Que no es guitarra de ricos,
ni cosa que se parezca.
Mi canto es de los andamios
para alcanzar las estrellas.
Que el canto tiene sentido
cuando palpita en las venas
del que morirá cantando
las verdades verdaderas,
no las lisonjas fugaces
ni las famas extranjeras
sino el canto de una lonja
hasta el fondo de la tierra.

Ahí donde llega todo
y donde todo comienza
canto que ha sido valiente
siempre será canción nueva.

Víctor Jara, Manifiesto

Leo en "El País" de Navidad dos artículos de opinión que coinciden con mi propia preocupación por gran parte del panorama cultural en el que nos tenemos que desenvolver. Hace unos días yo protestaba contra las puertas giratorias. Señalaba que gente que imparte un taller de escritura [sic] luego (como un servicio de valor añadido o post-venta) difunde los textos de los ex-alumnos y solo los textos de los ex-alumnos. En otras ocasiones, por lo menos en dos, ya he denunciado que en esta parte de España y de Cataluña hay quien presenta y promociona libros que previamente ha corregido. Y los oficios del libro, aprovechando la confusión tecnológica, se mezclan desvergonzadamente de la misma manera que se mezclan los poderes que Montesquieu quiso divididos.
Me contó un día un editor una anécdota de Mauricio Wiesenthal, que estaba deseando dejar el mundo del vino para meterse de lleno en la literatura porque decía que el mundo del vino estaba muy falseado. 
Rafael Argullol en "La alquimia de la estafa artística" nos introduce en los hediondos fundamentos del blanqueo de dinero negro en obras de arte  y en la especulación mercantilista ajena a los valores intrínsecos de pinturas y esculturas:
"Presentar el fraude como arte es una inversión segura en un mundo paulatinamente domesticado en la falta de complejidad intelectual. Sustituir cualquier asomo de trascendencia estética por el puro espectáculo es asegurar colas en las taquillas, del mismo modo en que los programas basura de televisión siempre serán más rentables que la emisión de una buena película".
No es más halagüeño el artículo de Albert Chillón sobre "El cultivo de las palabras", el repudio actual de las humanidades y la depauperación lingüística de los medios de persuasión masiva y del sistema deseducativo. Nótese el archisilabismo, en contraste con la forma de expresarse de Rafael Argullol, más fluida y que parte de una experiencia vivida. Argullol, que es profesor universitario de Filosofía, aunque creo que ya no da clases en la enseñanza reglada, adopta un lenguaje más visual y menos abstracto que el de Albert Chillón, que es profesor de Comunicación. 
Al lado de las tres calamidades señaladas (amiguitismo, filisteísmo y fraude) muchas veces también nos podríamos lamentar de que gran parte de los que estarían dispuestos a "cultivar las palabras" no tienen el valor ni el brío de desprenderse del saber libresco y sus escritos carecen de vida. Los textos viciados o corroídos por las experiencias lectoras apenas interiorizadas no se dejan leer con gusto. Estos textos onanistas de refritanga abotargada conviven con los experimentos de autores noveles que apenas tienen nada que contar, porque la escritura precisa unas veces haber vadeado muchas aguas cenagosas y otras haberse subido inútilmente a ramas que no soportarían ni el peso de un petirrojo.

Hoy recibí en mi correo unos textos de una escritora que publicó creo que el que fue su primer libro el año 1976. Con escritos y poemas datados a partir de 1971 y que en cualquier caso proceden de la más tierna juventud. La autora de 1971 y la de 2014 son la misma persona y me gusta igual, aunque naturalmente su prosa se ha enriquecido en todos los sentidos. Lo que le falta a los textos de 1971 se ve compensado por su pureza y porque nos retrotrae a una época en que -por decirlo de una manera plástica- la música enlatada carecía de fondos pregrabados de sintetizadores y la comida, todo, era más fresco, sin resabios ni aderezos. También gustan porque es bonito apreciar como lo que nos transmite una escritora de 60 años ya estaba en la de 15 o 20.

Hay escritores y artistas de un raro talento y se pueden contar en cada siglo con los dedos de una mano. Escriben como el petirrojo canta, naturalmente. Se le puede dar una explicación misticista cuántica o estadística, pero el caso es que son muchos los llamados y pocos los elegidos, cuando lo ideal sería que fueran pocos los llamados y muchos los elegidos. A la proporción descomunal -lo digo por contraste con la "proporción áurea"- hay que añadir que probablemente por aquello que veníamos diciendo de las puertas giratorias y la grasa que impregna sus goznes, a veces vemos publicados al lado de artículos como el de Rafael Argullol textos que no tienen el menor interés y que con mucho trabajo los trae media idea.

Almadraba de buche. Pescador intentando coger un atún en Isla Cristina (Huelva). 
Fotografía de Ruth Matilda Anderson (1893-1983)



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